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Gross: la guerra nuclear es una probabilidad innegable, la ia un peligro latente

David Gross, físico de renombre, ha lanzado una advertencia escalofriante: la probabilidad de un conflicto nuclear a nivel global es significativamente mayor de lo que se cree, impulsada por tensiones geopolíticas y la creciente influencia de la inteligencia artificial en la toma de decisiones militares. Su análisis, basado en una evaluación conservadora del 2% anual, es un llamado urgente a la acción.

Un cálculo aterrador: el 2% que nadie quiere admitir

Gross, quien ha dedicado su carrera a desentrañar las leyes del universo, desde los quarks hasta la teoría de cuerdas, no se aferra a profecías. Su evaluación se basa en un análisis riguroso de riesgos, considerando la acumulación de tensiones internacionales —la ausencia de tratados de control de armas estratégicas, la carrera armamentística sin precedentes y la inestabilidad en zonas de conflicto— como factores determinantes. La cifra, aunque aparentemente modesta, se multiplica exponencialmente si se mantiene durante décadas, transformándose en una amenaza tangible.

“No es una estimación rigurosa”, confiesa Gross. “Es, quizás, una subestimación, incluso conservadora. Se trata de una probabilidad de uno entre cincuenta cada año. ¿Ve usted las noticias? Hay una guerra importante en el centro de Europa, ataques a Irán, la tensión latente entre India y Pakistán… Todo esto, sumado a la proliferación de armas nucleares, eleva la amenaza a niveles alarmantes.”

La ia: un nuevo vector de riesgo

La ia: un nuevo vector de riesgo

Pero la preocupación del físico no se limita a la guerra convencional. Gross advierte sobre un peligro aún más insidioso: la inteligencia artificial. “Si tienes 20 minutos para decidir si enviar cientos de misiles con ojivas nucleares a China y Rusia por ‘nuestro querido presidente’, los militares podrían pensar que es más prudente dejar que la IA tome esa decisión”, expresa con inquietud. La velocidad con la que las máquinas procesan la información, y la falta de supervisión humana efectiva, crean un escenario aterrador. Como señala Christian Lous Lange, Premio Nobel de la Paz, “La tecnología es un sirviente útil, pero un amo peligroso”.

Gross subraya que el problema no reside únicamente en la tecnología en sí, sino en la pérdida de control humano sobre las decisiones críticas. La capacidad de las máquinas para “alucinar”, es decir, generar información falsa o errónea, representa un riesgo inaceptable en un contexto de potencial conflicto nuclear. La solución, según el físico, no es frenar el desarrollo tecnológico, sino establecer mecanismos de control y supervisión transparentes y efectivos. “Hay medidas fáciles de implementar, me refiero a las naciones. Por ejemplo, dialogar entre sí. En los últimos 10 años, ya no existen tratados. Estamos inmersos en una carrera armamentística sin precedentes. Tenemos tres superpotencias nucleares”, argumenta con un tono de profunda preocupación.

A pesar del pesimismo, Gross no pierde la esperanza. Recuerda que la humanidad ha demostrado en el pasado la capacidad de resolver problemas complejos, como el entendimiento del átomo o el desarrollo de la mecánica cuántica. “No considero imposible reducir los riesgos actuales”, afirma. “Pero es urgente actuar ahora. El cambio climático nos ha enseñado que la conciencia global, aunque a veces insuficiente, puede generar resultados significativos. Deberíamos aplicar la misma estrategia al riesgo nuclear.”