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Autónomos: la jubilación que se esconde tras la base mínima

Un 86% de los autónomos españoles ha elegido, durante décadas, cotizar por la base mínima de la Seguridad Social. Una decisión que, lejos de ser una solución, les está condenando a una pensión significativamente inferior a la de los asalariados.

El precio de la liquidez inmediata

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Hasta 2023, esta opción representaba un alivio inmediato para muchos profesionales, permitiéndoles gestionar su flujo de caja. Sin embargo, la reforma del sistema de cotizaciones ha desvelado una verdad incómoda: esa flexibilidad a corto plazo tiene un coste muy alto a largo plazo. Los datos son contundentes: en 2024, la pensión media de los autónomos se sitúa casi un 40% por debajo de la de sus equivalentes asalariados.

La Seguridad Social está a punto de implementar el nuevo sistema de cotizaciones reales, diseñado para corregir esta disparidad. Este modelo, que ajustará las cuotas a los ingresos reales del autónomo, busca eliminar la artificialidad de la base mínima. Pero, ¿qué ocurre con aquellos que han cotizado durante años con este método?

La respuesta es compleja. El nuevo sistema no revierte el pasado. Quienes han mantenido la base mínima durante décadas se enfrentarán a una pensión determinada, difícil de modificar y, por tanto, significativamente inferior a lo que podrían obtener con un sistema de cotización basado en sus ingresos reales. La edad legal de jubilación, fijada en 66 años y 10 meses para quienes han cotizado menos de 38 años y 3 meses, se convierte en un factor determinante.

La base reguladora: un cálculo complejo. Para determinar la pensión, la Seguridad Social considera la base de cotización de los últimos 25 años (300 meses), dividida entre 350. Solo las bases de los últimos 24 meses se actualizan con la inflación. Esto significa que las decisiones tomadas hace años, en un entorno económico diferente, tienen un impacto directo en la futura jubilación. Un autónomo de 65 años o más, con cónyuge a cargo, verá cómo su pensión anual se reduce a 15.786,40 euros. Si no tiene cónyuge a cargo, esa cifra se desploma hasta los 12.241,60 euros.

Para aquellos menores de 65 años, la situación es similar: 15.786,40 euros con cónyuge a cargo y 11.452 euros sin él. Aunque la base mínima pueda parecer atractiva en etapas de ingresos bajos o variables, la realidad es que mantenerla durante años genera un impacto negativo irreversible en la pensión futura. La reforma, aunque necesaria, no ofrece una vía de escape para aquellos que han apostado por esta estrategia a largo plazo.

En definitiva, la historia de los autónomos es una advertencia: la tranquilidad económica en la jubilación exige una planificación cuidadosa y una visión a largo plazo, no solo una búsqueda de liquidez inmediata.