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Ormuz se abre: qatar envía gnl a china tras meses de bloqueo

El estrecho de Ormuz, vital arteria para el suministro energético mundial, ha visto en los últimos días un movimiento que redefine las tensiones geopolíticas en el Golfo Pérsico. Dos buques cisterna de Qatar, cargados con gas natural licuado (GNL), parecen haber desafiado el bloqueo impuesto tras el inicio de los ataques entre Estados Unidos e Israel e Irán, dirigiendo sus cascos hacia el este, hacia China, el mayor importador de GNL a nivel global.

Un resquicio en el conflicto: ¿quién ha autorizado el tránsito?

Un resquicio en el conflicto: ¿quién ha autorizado el tránsito?

Los buques, Al Daayen y Rasheeda, permanecieron inactivos en el Golfo durante semanas, mientras la guerra se intensificaba y la navegación se volvía extremadamente peligrosa. Ahora, su movimiento, confirmado por datos de seguimiento marítimo, sugiere un cambio en la política de Teherán, que parece haber flexibilizado su control sobre el estrecho, permitiendo el paso a buques asociados con países aliados de Washington. La cifra habla por sí sola: el cierre del estrecho había interrumpido aproximadamente una quinta parte del suministro mundial de GNL, impactando directamente en los mercados energéticos globales.

Pero hay un detalle que complica el panorama. Hasta el momento, ningún buque metanero vinculado a Qatar había logrado atravesar Ormuz desde el inicio de los ataques. La restricción impuesta por Irán, aunque selectiva, ha generado incertidumbre y volatilidad en los precios del GNL. Según Kpler, Qatar ha entregado dos cargamentos a Kuwait en las últimas semanas, pero estos se obtuvieron de tanques de almacenamiento locales, eludiendo la necesidad de transitar por el peligroso paso.

La intervención de Trump y las amenazas latentes complican aún más la situación. Las declaraciones del expresidente estadounidense, con su retórica belicista sobre ataques a centrales eléctricas y puentes iraníes, mantienen en vilo al mercado energético y aumentan el riesgo de una escalada en la región. Es evidente que la estabilidad de la ruta marítima depende de la contención de las hostilidades.

El seguimiento de los movimientos de buques en el Golfo Pérsico no siempre es fiable, debido a posibles interferencias electrónicas y a la desactivación intencionada de transpondedores. Sin embargo, el hecho de que Al Daayen, gestionado por Seapeak, y Rasheeda, propiedad de Nakilat, estén ahora en ruta hacia China, es una señal inequívoca de que algo ha cambiado. QatarEnergy, la empresa estatal encargada de operar la planta de Ras Laffan, la más grande del mundo para la exportación de GNL, no ha ofrecido declaraciones hasta el momento.

Este movimiento estratégico podría representar un impulso significativo para Qatar, que lucha por mantener su cuota de mercado a pesar de los ataques y las restricciones. Permitir el tránsito de los buques acumulados en el Golfo Pérsico, o incluso descargar combustible almacenado, podría aliviar la presión sobre la planta de Ras Laffan, que lleva más de un mes cerrada.

En definitiva, la reapertura del estrecho de Ormuz, aunque parcial y condicionada, es un indicativo de la complejidad de la geopolítica energética actual. La danza de intereses entre Estados Unidos, Irán, Qatar y China se juega sobre las olas, y el mundo observa con atención cómo evoluciona este delicado equilibrio.