Apple blanda: los airpods max 2, un lavado de cara sin mejoras reales
Seis años. Seis años ha tardado Apple en presentar una actualización de sus AirPods Max, unos auriculares que, a pesar de su precio, han arrastrado consigo un problema de condensación que, según el último teardown de iFixit, sigue presente. Y lo que es peor: la actualización se limita a un nuevo chip, el H2, dejando el resto de la estructura intacta.
El h2: un soplo de aire fresco en un mar de inmovilismo
El chip H2, sin duda, aporta mejoras significativas en cuanto a audio adaptativo, conciencia de conversación y cancelación de ruido. Es un avance técnico, por supuesto. Pero, ¿es suficiente para justificar la etiqueta de precio de 549 euros? La respuesta, tras el análisis exhaustivo de iFixit, es un rotundo no. La estructura interna es prácticamente idéntica a la de los AirPods Max de 2020. Es decir, Apple ha optado por un simple lavado de cara, sin abordar las deficiencias de diseño que han plagado estos auriculares desde su lanzamiento.
Lo que nadie cuenta es que la falta de mejoras en la gestión de la condensación es, sencillamente, inaceptable. Los usuarios llevan años denunciando la acumulación de humedad en las cápsulas, un problema que afecta la detección de oídos y, en general, a la experiencia de uso. Apple, en lugar de solucionar el problema de raíz, se ha limitado a ofrecer consejos poco prácticos, como “limpiarlos con un paño”. Un consejo que, a estas alturas, suena a chiste de mal gusto.

Un programa de auto-reparación sin airpods max
Apple ha estado promocionando su programa de auto-reparación, pero, como señala iFixit, la promesa de reparabilidad no se extiende a los AirPods Max 2. No hay piezas de repuesto disponibles, no hay manuales de reparación oficiales y, para acceder al puerto USB-C (técnicamente reemplazable), es necesario desmontar prácticamente todo el auricular. La persistencia del uso excesivo de adhesivos complica aún más cualquier intento de reparación por parte del usuario.
La ironía es evidente: Apple, que se presenta como defensora de la sostenibilidad y la reparabilidad, ignora por completo estos principios cuando se trata de sus productos estrella. La fidelidad al diseño original, en lugar de ser un signo de calidad, se convierte en una muestra de complacencia y falta de ambición. Mientras Sony y Bose han refrescado sus auriculares insignia varias veces, mejorando la comodidad, reduciendo el peso y facilitando las reparaciones, Apple se ha aferrado a un diseño obsoleto.
La cifra habla por sí sola: seis años para una actualización que se limita a un cambio de chip. Un precio de 549 euros por unos auriculares que no han evolucionado significativamente y que siguen arrastrando problemas de diseño. La apuesta por la innovación parece haberse quedado en el cajón. Quizás sea hora de que Apple mire hacia otro lado, o de que la competencia le obligue a despertar.