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Aramco: el oleoducto que convierte una crisis en oro

Mientras el Estrecho de Ormuz se convierte en un nudo logístico, Arabia Saudí está cosechando los dividendos de una inversión estratégica que ha transformado una potencial catástrofe en una oportunidad de oro. La petrolera estatal, Aramco, se prepara para anunciar un primer trimestre de 2026 históricamente rentable, superando incluso los márgenes de mediados de 2023, según las previsiones de Bank of America, en un contexto global de turbulencias petroleras.

El desierto como vía de escape

El secreto de esta aparente suerte no reside en la casualidad, sino en una infraestructura de 1.200 kilómetros que atraviesa el desierto saudí: el oleoducto Este-Oeste. Esta gigantesca arteria conecta los campos petroleros del Golfo Pérsico con la terminal de Yanbu, en la costa del Mar Rojo, permitiendo a Arabia Saudí sortear, prácticamente en su totalidad, las restricciones impuestas por el cierre del Estrecho de Ormuz. Un movimiento que, de paso, redefine el equilibrio de poder dentro de la OPEP.

Sashank Lanka, analista de Bank of America, lo resume así: “Este oleoducto sigue garantizando el suministro de crudo hacia la costa oeste de Arabia Saudí, con una capacidad máxima de 5 millones de barriles diarios, un volumen que representa entre el 75% y el 80% de lo que se enviaría normalmente por Ormuz”. Mientras Irak, Kuwait y los Emiratos Árabes Unidos se ven asfixiados por las complicaciones logísticas, Riad mantiene un flujo constante de petróleo, consolidando su posición dominante.

Beneficios disparados: menos barriles, más ingresos

Beneficios disparados: menos barriles, más ingresos

La cifra habla por sí sola: Bank of America estima que Aramco registrará un beneficio neto de 29.700 millones de dólares en el primer trimestre, un incremento del 19% con respecto al trimestre anterior. Y esto a pesar de una caída del 7% en la producción de crudo, hasta los 9,3 millones de barriles diarios. En marzo, ese volumen descendió hasta 7,8 millones, pero, como señala el informe, “se espera que los menores volúmenes de marzo queden totalmente compensados por los mayores precios”. Cada barril que Aramco deja de producir se traduce en un precio más alto, una lógica implacable que se ve reforzada por el “sólido desempeño del negocio downstream”, con márgenes de refino hasta un 20% superiores y un incremento del 10% en los precios de los petroquímicos.

Preparados para cualquier escenario

Preparados para cualquier escenario

Pero la astucia saudí va más allá de la simple adaptación. La compañía, según el informe, es capaz de “cambiar la mezcla de productos de crudo ligero a pesado” en solo uno o dos días. Y, en caso de que se requiera aumentar la producción a 10-12 millones de barriles diarios, dispone “contractualmente de 90 días, aunque normalmente tarda alrededor de tres semanas”. Una preparación impecable para cuando el Estrecho de Ormuz se reabra, garantizando que Riad seguirá siendo el rey del petróleo, independientemente de las circunstancias.

La ironía es palpable: la mayor crisis de tránsito marítimo en el Golfo Pérsico en décadas está beneficiando al principal productor de la región. Mientras otros se ven atrapados en las garras de una geopolítica inestable, Arabia Saudí ha convertido su vulnerabilidad potencial en una innegable ventaja competitiva, demostrando que, a veces, la mejor estrategia es la que se encuentra enterrada bajo la arena.

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