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El cambio de hora de 2026 se confirma: ¿por qué seguimos moviendo los relojes?

El Boletín Oficial del Estado (BOE) ha oficializado la fecha del próximo cambio de hora: el 28 de marzo de 2026. Los relojes adelantarán una hora, pasando a las 3:00 en lugar de las 2:00. El horario de verano se extenderá hasta el 25 de octubre, un ritual que, como cada año, desata el debate sobre su utilidad.

¿Por qué persistimos con el cambio de hora?

¿Por qué persistimos con el cambio de hora?

La medida, que ya ha sido aprobada por la Unión Europea, mantiene España atada a una directiva que exige dos cambios horarios anuales. A pesar de las múltiples propuestas de reforma, la iniciativa se ha estancado, sin que los estados miembros logren un acuerdo sobre qué horario adoptar de forma permanente. La justificación histórica del cambio de hora se centra en el ahorro energético, argumentando que las horas adicionales de luz diurna reducen el consumo eléctrico. Sin embargo, la efectividad de esta medida es objeto de controversia, con estudios que cuestionan su impacto real.

Pero hay un detalle: la coordinación con el resto de Europa es un factor determinante. Un cambio unilateral en España podría generar disrupciones en los horarios de transporte internacional y en las comunicaciones comerciales. La UE tendría que reabrir la negociación, establecer un calendario y lograr el consenso de los 27 estados para que el cambio de hora desaparezca de una vez por todas.

El problema no es nuevo. En 2019, el Parlamento Europeo votó a favor de eliminar los cambios de hora, pero la falta de acuerdo entre los países miembros paralizó la reforma. La cifra habla por sí sola: cada año, millones de personas se ven afectadas por este ajuste que, para muchos, carece de sentido. El BOE seguirá publicando la fecha y los relojes seguirán moviéndose, una vez más, siguiendo el mismo patrón.

La persistencia del cambio de hora en España es un ejemplo más de cómo las decisiones europeas, con frecuencia, no responden a las necesidades y realidades locales. Un sistema que, más que ahorrar energía, genera confusión y un pequeño inconveniente diario. Y mientras tanto, la tecnología, con su capacidad de sincronización automática, hace que este ritual sea cada vez más anacrónico.