Gigantes tecnológicos apuestan a la ia: ¿una nueva burbuja en el horizonte?
La carrera armamentista por la inteligencia artificial ha impulsado a las grandes tecnológicas de Estados Unidos a un gasto sin precedentes. Google, Meta y otras corporaciones están recurriendo a la deuda para financiar la construcción de la infraestructura necesaria para alimentar los chatbots y otras aplicaciones de IA.

Préstamos masivos para la revolución de la ia
El panorama financiero está cambiando. Tras décadas de reinversión de beneficios, las empresas tecnológicas se están endeudando a gran escala. ¿Por qué? La demanda de potencia de cálculo para entrenar y ejecutar modelos de IA es enorme.
Este año, cuatro de las mayores empresas tecnológicas estadounidenses planean gastar alrededor de 650.000 millones de dólares en centros de datos, equipos de red y otras infraestructuras de IA. Amazon.com Inc. dio un paso audaz al emitir bonos en Europa por primera vez, recaudando 14.500 millones de euros, la mayor operación corporativa en esa moneda hasta la fecha. Además, el gigante minorista solicitó 37.000 millones de dólares en bonos en el mercado estadounidense, la cuarta emisión corporativa más grande de la historia del país.
La estrategia no es exclusiva de Amazon. Alphabet, la empresa matriz de Google, destinará el 40% de su gasto en infraestructura técnica a centros de datos y redes, mientras que el 60% restante se invertirá en servidores. Oracle Corp., por su parte, ha recurrido tanto a deuda corporativa como a préstamos específicos para financiar la construcción de centros de datos en todo el país. Estas infraestructuras necesitan además chips de alto rendimiento, lo que impulsa la demanda de vehículos de propósito especial (SPV), entidades separadas para adquirir y luego arrendar equipos tecnológicos.
La financiación con deuda, aunque atractiva debido a las condiciones favorables del mercado crediticio, no es la única opción. Empresas como OpenAI y Anthropic han recaudado miles de millones de dólares a través de inversiones de capital de riesgo. Sin embargo, la dilución de la propiedad es una preocupación constante para estas startups.
Este movimiento ha generado inquietud entre los inversores. La recaudación de 100.000 millones de dólares en pocos meses para expandir la capacidad de la nube y los centros de datos, incluyendo un reciente acuerdo de Meta por 30.000 millones de dólares para un centro de datos en Luisiana, evidenció la magnitud de la inversión necesaria. El acuerdo de Meta, estructurado a través de un SPV, muestra cómo las empresas pueden acceder a financiamiento sin aumentar significativamente su deuda general.
Alphabet incluso emitió un bono a 100 años, un hito que no se veía desde finales de la década de 1990, aprovechando la demanda de inversores a largo plazo como aseguradoras y fondos de pensiones. Aunque la financiación con deuda representará un porcentaje relativamente pequeño del gasto total en IA (entre el 80% y el 90% se financiará con flujos de efectivo operativos), la magnitud de estas operaciones podría alterar los perfiles financieros de las empresas y afectar su acceso futuro al crédito.
Más allá del sector tecnológico, la fuerte emisión de deuda podría absorber la demanda de inversores que podrían haber invertido en otras industrias. El riesgo es real: si el auge de la IA no cumple con las expectativas, las empresas podrían quedarse con un exceso de capacidad y equipos obsoletos, un escenario similar a la burbuja puntocom.
La apuesta por la inteligencia artificial es audaz, pero también conlleva riesgos sustanciales. La capacidad de las empresas para escalar esta tecnología, mantener la rentabilidad y evitar la obsolescencia de sus inversiones serán los verdaderos indicadores de su éxito.
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