Guerra en oriente medio: ¿el estrecho de ormuz al borde del colapso?
La escalada entre Estados Unidos e Irán, tras los ataques mutuos, ha reavivado una pesadilla recurrente en los mercados: un choque energético provocado por el posible cierre del Estrecho de Ormuz. La amenaza, anticipada durante años, podría desencadenar un shock de precios sin precedentes.

El petróleo como barómetro del conflicto
Desde el ataque ruso a Ucrania en 2022, los precios del crudo habían mostrado una tendencia descendente. Sin embargo, la tensión en el Golfo Pérsico ha puesto en alerta a los inversores. El Estrecho de Ormuz, una arteria vital para el suministro mundial de hidrocarburos, se encuentra en el epicentro de una crisis que podría tener repercusiones globales.
La preocupación principal reside en la capacidad de Irán para interrumpir el flujo de petróleo y gas a través del estrecho. Un bloqueo total podría congelar las exportaciones de países como Kuwait, Qatar, Irak, Emiratos Árabes Unidos, Omán y Arabia Saudí, con un impacto devastador en la economía mundial. El banco de inversión Barclays Capital estima que el crudo Brent podría alcanzar los 100 dólares por barril si el conflicto persiste, un aumento superior al 30% respecto a los 70 dólares actuales.
Goldman Sachs, por su parte, ha adoptado un enfoque más cuantitativo. Según sus cálculos, la pérdida de un millón de barriles diarios de exportaciones iraníes podría añadir 8 dólares por barril al precio del crudo. Su escenario central para 2026, que aún anticipa un excedente de oferta, advierte sobre la fragilidad de este equilibrio ante posibles disrupciones en Irán, Rusia o Venezuela.
Pero hay un detalle que agrava la situación: la promesa de venganza de la Guardia Revolucionaria Islámica tras la muerte del líder supremo Alí Jameneí. El grupo militar más radical de Irán ha advertido de represalias que podrían prolongar y exacerbar el conflicto.
El impacto en la inflación es otra consideración clave. Deutsche Bank advierte que un repunte rápido del petróleo elevaría las expectativas inflacionarias, afectando directamente a la actividad empresarial y al gasto de los consumidores. Goldman Sachs, aún más contundente, califica un conflicto serio con Irán como “un viento en contra económico mayor”.
Un informe de Oxford Economics de junio de 2025, que sigue siendo relevante, proyecta un escenario aún más grave: el cierre del Estrecho de Ormuz podría elevar el precio del Brent a 130 dólares por barril. En el caso de un cese total de las exportaciones iraníes, el PIB mundial podría verse afectado en un 3%, con un golpe particularmente severo para Estados Unidos y la eurozona, donde el crecimiento podría reducirse entre 0,4 y 0,5 puntos porcentuales. La inflación estadounidense podría escalar hasta el 4,5%, retrasando cualquier recorte de los tipos de interés por parte de la Reserva Federal.
La cifra habla por sí sola: la interrupción del suministro energético podría desestabilizar economías enteras. La volatilidad en los mercados es palpable. La incertidumbre sobre la duración del conflicto y la magnitud de sus consecuencias hacen que la situación sea excepcionalmente delicada. La respuesta del mercado no será inmediata, pero la tendencia apunta a precios más altos y una mayor inestabilidad.
La tensión en Oriente Medio no es nueva, pero la combinación de factores actuales –los ataques, las represalias, la amenaza al Estrecho de Ormuz– configura un escenario particularmente peligroso. El mundo observa con atención, consciente de que el precio del petróleo podría ser solo la punta del iceberg de una crisis económica global.
La política energética de los próximos meses se definirá en este escenario de crisis. Y lo que nadie cuenta es que las reservas estratégicas de muchos países se encuentran en niveles preocupantemente bajos.