tecnologia

Ia: el crédito privado se hundiría en un abismo de riesgo

El Consejo de Estabilidad Financiera (FSB) ha desvelado un informe alarmante: la financiación descontrolada de la inteligencia artificial a través del crédito privado podría desencadenar una crisis económica de proporciones catastróficas. La apuesta irresponsable por un sector que, hasta ahora, se ha mantenido en la euforia del crecimiento, podría convertirse en la sentencia de muerte para el sistema.

Una fiebre inversora sin freno

El organismo, heredero de las lecciones de la crisis hipotecaria de 2008, ha puesto el foco en las vulnerabilidades inherentes a este nuevo paradigma financiero. La IA, con su promesa de transformaciones radicales, está siendo alimentada por una avalancha de capital privado – entre 1,5 y 2 billones de dólares – que se centra en centros de datos y la infraestructura que los sustenta.

Pero el FSB no se detiene en el capital bruto. Su análisis se centra en el crédito privado, una maraña de operaciones que, con activos difíciles de valorar, ya absorbe hasta 800.000 millones de dólares, una cifra que roza lo grotesco.

Las proyecciones son escalofriantes. Entre 2025 y 2028, la inversión en IA a través de este canal podría alcanzar los 2,9 billones de dólares, impulsada por estimaciones de Morgan Stanley y corroboradas por McKinsey, que elevan las necesidades a 5,2 billones para 2030. Un crecimiento exponencial que desafía la lógica y, a la luz de los datos, resulta profundamente preocupante.

El peligro oculto en los hiperescaladores

El peligro oculto en los hiperescaladores

Lo que realmente pone en alerta al regulador es la velocidad y la concentración de esta inversión. De la nada al todo en cuestión de años. La cuota del sector de IA en las operaciones de crédito privado alcanzó el 34% en 2025, un salto vertiginoso frente a los 17% de los cinco años anteriores, según datos de la OCDE. En solo 12 meses, su peso se ha duplicado.

El atractivo financiero reside, en parte, en la capacidad de los grandes tecnológicos – Amazon, Microsoft, Meta y Google – de acceder a financiación apalancada, permitiéndose expandir su capacidad sin sobrecargar sus balances. Estos hiperescaladores firman contratos a largo plazo con inquilinos altamente solventes, convirtiendo los centros de datos en activos apetecibles para fondos de deuda privada que buscan coinvertir.

Pero este modelo, que a primera vista parece ventajoso, esconde una fragilidad latente. A medida que crece la demanda de infraestructura de computación de alto rendimiento, los flujos de caja internos de las empresas tecnológicas son insuficientes para satisfacer los requerimientos de capital. Y, como señala el informe, el sistema financiero global está financiando la expansión de la IA con una red de deuda privada opaca, ilíquida y concentrada en pocos proyectos.

Tres detonantes de una crisis inminente

Tres detonantes de una crisis inminente

El FSB advierte que, si las expectativas sobre la IA se desvanecen, las valoraciones de los activos vinculados podrían sufrir una corrección abrupta, generando pérdidas crediticias considerables. Tres detonantes podrían desencadenar una reacción en cadena: cuellos de botella energéticos que paralicen proyectos, sobrecapacidad en la oferta de centros de datos, o un deterioro macroeconómico general que contraiga el valor de las inversiones.

El Banco de Inglaterra ya estudió en octubre de 2025 los posibles efectos de una caída en las valoraciones de la IA en la estabilidad financiera. El sector tecnológico, los servicios y la salud se identifican como los más expuestos. La insinuación es clara: el mercado está presenciando un anticipo de lo que podría ocurrir si el entusiasmo por la IA se desinfla.

El regulador concluye con una verdad incómoda: el crédito privado su exposición creciente a la IA