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Ia: la explosión del cómputo desborda las reglas de la evolución

La inteligencia artificial ya no es una promesa lejana; se ha convertido en una fuerza transformadora que redefine las leyes de la computación. Mustafa Suleyman, a la cabeza de la división de IA en Microsoft, lo sentencia con contundencia: “Estamos experimentando entre el 10 y el 15% de los efectos de todo esto”. Un diagnóstico inquietante que exige una reevaluación urgente.

El crecimiento exponencial: más allá de la ley de moore

Suleyman describe un cambio radical, un salto cualitativo que trasciende la mera escalabilidad. En 2010, los modelos de IA requerían un cómputo de 1014 FLOPS. Hoy, los sistemas más avanzados alcanzan los 1026 FLOPS, una multiplicación que no se explica por la mejora gradual, sino por una explosión computacional. Como él mismo señala, “No es un crecimiento: es una explosión”.

La clave reside en la capacidad de mantener todos esos recursos – miles de millones de “calculadoras” – trabajando simultáneamente, formando una mente digital colectiva. Un cambio paradigmático, impulsado por tres avances clave.

Las tres fuerzas que impulsan la revolución

Las tres fuerzas que impulsan la revolución

En primer lugar, los chips de Nvidia han experimentado un avance vertiginoso, pasando de 312 teraflops en 2020 a 2.250 teraflops actuales. Y el chip Maia 200 de Microsoft, por cada euro invertido, ofrece un 30% más de rendimiento. Pero el verdadero salto reside en la memoria HBM (High Bandwidth Memory), que triplica el ancho de banda de su predecesora, HBM3, permitiendo alimentar constantemente las GPUs sin cuellos de botella.

En segundo lugar, la velocidad de los datos es crucial. La arquitectura de la sala de calculadoras, ahora una ciudad de procesadores interconectados gracias a NVLink e InfiniBand, permite conectar cientos de miles de GPUs en superordenadores del tamaño de naves industriales. Una infraestructura que, lejos de ser ciencia ficción, se está construyendo a gran escala en EEUU y en todo el mundo.

Finalmente, la caída de los costes de las energías renovables – un 100 veces menos costosas en los últimos 50 años y un 97% en tres décadas – permite alimentar esta voracidad computacional. Un factor que, combinado con el crecimiento exponencial, augura un futuro radicalmente diferente.

El rumbo: agentes de ia y la amenaza de la ciberseguridad

El rumbo: agentes de ia y la amenaza de la ciberseguridad

El objetivo final, según Suleyman, es la superinteligencia. Ya no estamos ante prototipos, sino ante infraestructuras gigantescas, con clusters de 100.000 GPU y centros de datos que consumen la energía de naciones enteras. Microsoft, Nvidia y otras empresas están invirtiendo miles de millones en esta carrera, con la ambición de crear sistemas semiautónomos – “agentes de IA casi humanos” – capaces de realizar tareas complejas como la programación, la gestión de proyectos y la negociación de contratos.

Pero esta revolución conlleva riesgos. Un solo rack de IA puede consumir 120 kilovatios, equivalente a 100 hogares. Y la amenaza de la ciberseguridad se intensifica con cada avance, como lo advierte Eric Schmidt, ex CEO de Google: “Estamos experimentando entre el 10 y el 15% de los efectos de todo esto”. La carrera por la superinteligencia se libra, además, en un terreno lleno de incertidumbres y potenciales peligros.

La cifra es reveladora: en 2020, completar una tarea que requería 167 minutos con ocho GPUs, hoy se puede lograr en menos de cuatro minutos, gracias a esta mejora de 50 veces. Y las previsiones apuntan a alcanzar 100 millones de chips H100 para 2027, un salto de 10 veces en tan solo tres años. Un crecimiento que, lejos de ser una simple evolución, representa una disrupción tecnológica sin precedentes.