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La revolución en el análisis de chips:

La industria de los semiconductores acaba de dar un paso revolucionario. Un grupo de ingenieros australianaños del Laboratorio Universitario de Adelaida ha logrado desarrollar una técnica pionera para analizar el funcionamiento interno de microchips mientras están en funcionamiento.

La clave está en la radiación de terahercios

La clave está en la radiación de terahercios

Este avance introduce una nueva forma de examinar chips basada en radiación de terahercios, un rango mucho más alto de frecuencia que el habitual de los instrumentos de laboratorio. El equipo adaptó un analizador de redes vectoriales (VNA), dispositivo que normalmente opera con microondas, para que emita ondas en el espectro de los terahercios.

Estas ondas se dirigen hacia un microchip en funcionamiento, interactuando directamente con los transistores mientras cambian de estado. Cada uno de estos transistores altera la señal que rebota de vuelta, generando pequeñas variaciones en su amplitud y fase. Estas diferencias son captadas por el sistema y traducidas de nuevo a microondas para su análisis.

El proceso permite mapear la actividad interna del procesador en tiempo real, algo que hasta ahora no se había logrado con métodos eléctricos ni ópticos. Los investigadores tuvieron que recurrir a un receptor poco habitual en este campo, como es un detector de cuadratura homodina, capaz de distinguir diferencias extremadamente sutiles entre señales.

Este avance podría cambiar el juego al interior de la industria de los semiconductores. Los fabricantes podrían analizar el comportamiento de los chips a nivel de transistor sin recurrir a técnicas invasivas, lo que facilitaría la detección de fallos, la validación de diseños y la mejora de los procesos de fabricación de futuras CPU. Sin embargo, también surgen dudas en materia de seguridad.

La capacidad de observar procesos internos en tiempo real podría ser aprovechada para espiar cálculos dentro de un procesador, ya que los datos deben descifrarse antes de ser procesados. Aunque aún existen desafíos importantes, como la dificultad para analizar arquitecturas complejas o chips apilados en 3D, este avance supone un primer paso hacia una nueva generación de herramientas capaces de