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Millones en juego: un satélite abandonado y la sombra de macron

Un intento fallido de construir una flota de satélites australianos en la década de 2010 ha desembocado en una batalla legal que podría dejar a prestamistas como Société Générale, Credit Suisse y Standard Chartered con una deuda de más de mil millones de dólares.

La ambición frustrada de newsat

La ambición frustrada de newsat

La empresa NewSat Ltd., liderada por el controvertido Adrian Ballintine, ambicionaba lanzar su primer satélite australiano de propiedad independiente. Sin embargo, la falta de fondos, exacerbada por el comportamiento cuestionable de su director ejecutivo, llevó a la quiebra de la compañía en 2015. Ahora, el magnate inmobiliario singapurense Ching Chiat Kwong, que invirtió 100 millones de dólares de su propio bolsillo, demanda a los bancos y aseguradoras que se negaron a financiar el proyecto.

La demanda, presentada en el Tribunal Supremo de Victoria, alega que los prestamistas, influenciados por las preocupaciones sobre Ballintine, incumplieron los acuerdos de préstamo, impidiendo el pago a los contratistas y, en última instancia, la ejecución del satélite. La cuantía exacta de la pérdida – cifrada por Ching en mil millones de dólares – es objeto de debate, aunque los demandados, Standard Chartered, han señalado pérdidas potenciales de 4.810 millones de dólares.

Pero la historia no termina ahí. Ching apunta a un documento firmado por Emmanuel Macron, entonces ministro francés, que supuestamente vetó la financiación. “Supongo que algún día sucederá”, declaró a Bloomberg, sin profundizar en los detalles. La defensa de los bancos, lejos de reconocer la responsabilidad, argumenta que sus decisiones se basaban en “comportamiento corporativo deplorable” y en la incapacidad de Ballintine para gestionar la empresa de forma adecuada.

El caso revela un entramado de retrasos regulatorios y conflictos de plazos, que los prestamistas, según el abogado del demandante Philip Crutchfield, utilizaron como excusa para retener fondos cruciales en diciembre de 2014. “Siempre había un conflicto de horarios”, afirmó Crutchfield. “Nunca funcionó”.

Los demandados, por su parte, planean impugnar las supuestas pérdidas, argumentando que son infundadas. La batalla legal se presenta como un choque entre la ambición de un empresario y la prudencia de las instituciones financieras. Ching, con su fortuna construida apostando al mercado inmobiliario de Singapur, parece dispuesto a luchar por recuperar lo perdido – y a exponer las sombras que envolvieron el proyecto del primer satélite australiano.

A pesar de la debacle, la empresa de Ching, Oxley Holdings Ltd., sigue activa en el mercado, testimoniando la capacidad de adaptación y la perseverancia de un hombre que, a pesar de los fracasos, no renuncia a sus ambiciones. Su oficina, presidida por un toro imponente, es un recordatorio constante de la importancia de la tenacidad.