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Móviles: la amenaza silenciosa a nuestra salud mental

La creciente ansiedad y el estrés que asolan a la población, especialmente a los jóvenes, podrían estar menos ligados a las redes sociales de lo que se cree. La especialista en salud pública Devi Sridhar apunta a un culpable más insidioso: el propio móvil, y su impacto en la forma en que nos comunicamos. Una tesis que, aunque controvertida, obliga a replantearnos nuestra relación con la Tecnología.

La desconexión humana: la raíz del problema

Si bien la crítica al efecto de plataformas como TikTok o Instagram sobre la autoestima y la imagen corporal es recurrente, Sridhar argumenta que el problema es más profundo. No se trata solo de lo que vemos en la pantalla, sino de cómo interactuamos a través de ella. Nuestra evolución biológica nos ha preparado para la comunicación cara a cara, un proceso complejo que involucra el tono de voz, el lenguaje corporal, el contexto. Todo eso se pierde en un mensaje de texto o un correo electrónico.

La pérdida de señales no verbales genera malentendidos y, consecuentemente, un aumento en los niveles de estrés. Es una dinámica sutil, pero persistente. La conversación, antes un intercambio fluido y contextualizado, se fragmenta en breves mensajes desprovistos de matices. Es como intentar describir un cuadro con una lista de colores: la esencia se diluye.

Disponibilidad constante: el precio de la eficiencia

Disponibilidad constante: el precio de la eficiencia

Además de la falta de conexión humana, la Tecnología ha difuminado las fronteras entre el trabajo y la vida personal. Las notificaciones, los mensajes instantáneos, las videollamadas. La disponibilidad constante se ha convertido en una norma social, generando una presión continua y un agotamiento mental que muchos ni siquiera reconocen. ¿Cuántas veces hemos revisado el correo electrónico a las 10 de la noche, sintiéndonos obligados a responder, aunque no fuera urgente?

La tendencia, curiosamente, es al revés. Cada vez más personas, especialmente jóvenes, buscan refugio en dispositivos más sencillos, desconectados de Internet, como una forma de recuperar el control sobre su tiempo y su atención. Pero, ¿será suficiente para revertir la marea?

El caso de Sridhar, que abandonó la costumbre de cargar el móvil cada noche, revela una realidad palpable: la Tecnología, concebida para liberarnos, podría estar aprisionándonos en una espiral de ansiedad y agotamiento. Es hora de que la conversación se centre no solo en las plataformas que utilizamos, sino en el propio dispositivo que las hace posibles.