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Multimillonario caudwell: así crío a mis ocho hijos (y no quiero niñeras)

John Caudwell, fundador de Phones 4u y Singlepoint, no es el típico gurú de la riqueza compartiendo secretos de éxito. En una entrevista reveladora, el magnate británico, ahora enfocado en filantropía y propiedades, nos abre las puertas a su vida familiar, un crisol de edades y experiencias que desafía las convenciones de la crianza de los hijos ricos.

De stoke-on-trent a superyates: el equilibrio entre la austeridad y el lujo

Caudwell, quien creció en una casa modesta con escasos recursos, se muestra firme en su deseo de no sobreproteger a sus hijos de la realidad. A pesar de contar con ocho retoños, incluyendo un hijastro de 47 años, y una pareja olímpica como compañera, Modesta Vžesniauskaite, su enfoque es sorprendentemente pragmático. “No quiero que mis hijos no tengan nada, pero tampoco quiero caer en la exageración que vemos en otros entornos privilegiados”, declara con contundencia.

El tiempo, reconoce, era un bien escaso durante sus años de construcción empresarial. Sin embargo, siempre priorizó la calidad sobre la cantidad. “Siempre he hecho del tiempo de calidad una prioridad absoluta: casi nunca faltaba a un día deportivo o a una entrega de premios.”

Ahora, con una dinámica familiar más intensa, la escuela juega un papel central. “La escuela es la verdadera respuesta, de 9 a.m. a 4 p.m. Eso les da disciplina, entretenimiento, interés y educación.” Pero la educación formal no es lo único que le importa. Caudwell insiste en la importancia de exponer a sus hijos a la vida cotidiana, incluso en vacaciones lujosas. “Cuando vamos en el superyate, eso es principalmente un capricho para mí. Los hijos adultos tienen que llegar al barco por sus propios medios. Los más pequeños viajan en clase turista con Modesta.”

Zara, primark y nuggets de pollo: la receta para evitar el malcriamiento

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La filosofía de Caudwell es clara: mantener los pies en la tierra, a pesar de la fortuna familiar. “Todo el mundo quiere ser mimado, pero es muy importante que mantengamos a nuestros hijos con los pies en la tierra.” Esto se traduce en una estricta moderación en el consumo de lujo. “Prácticamente no tienen ropa de diseñador, quizás alguna que recibieron como regalo, pero les compramos ropa de Zara y Primark.”

La anécdota sobre su hija pidiendo un bistec con patatas fritas cuando era pequeña ilustra a la perfección su visión: “Odió desperdiciar comida”. El malcriamiento, según Caudwell, se evitó con un error corregido a tiempo: demasiados regalos en Navidad. “Rebuscaban entre todas las cajas y terminaban jugando con una caja de cartón.” Ahora, la frugalidad es la norma: “Dos o tres regalos de Navidad son más que suficientes.”

El apoyo financiero, lejos de ser un cheque en blanco, está condicionado al esfuerzo. “Mi apoyo está muy relacionado con el esfuerzo que ponen en sus vidas.” Sus hijos mayores, lejos de la inactividad que se podría esperar, están construyendo sus propias carreras, desde psicoterapia hasta bienes raíces y la música.

Caudwell cierra su reflexión con una verdad lapidaria: “Lo único que siempre hago es que, pase lo que pase en la vida de tu hijo, le estás diciendo constantemente que lo amas.” No importa la corrección, el amor incondicional es el cimiento de su filosofía. Y, en última instancia, su objetivo es simple: “No quiero nada de ellos en la vida más que sean felices y dejen el mundo en un lugar mejor de como lo encontraron.” La felicidad, no la riqueza, es la verdadera medida del éxito, según este peculiar y pragmático multimillonario.